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Actualidad

1,496 visitas Mayo 31 de 2020 11:42



Regresando a casa en medio de una pandemia


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© Pasajeros del vuelo humanitario de Bogotá – Mínich


La periodista Sandra Villalba narra la travesía que junto a su esposo debió vivir para viajar en un vuelo humanitario desde Colombia a Alemania.






Ya, después de “la tormenta” y con dos semanas en Alemania, me animo a escribir sobre esta travesía, porque eso fue, una travesía intercontinental para poder regresar a casa en tiempos de Covid 19.

		  

Mi nombre es Sandra Villalba y por cosas de la vida vivo en Múnich, Alemania, desde hace dos años. Mi esposo y yo decidimos ir a Colombia en marzo a pasar vacaciones y ver a nuestras familias. Compramos los tiquetes en octubre y estuvimos esperando todo este tiempo emocionados, imaginando planes y viajes en las tres semanas que estaríamos en Colombia. Yo me saboreaba una mojarra frita como loca. En fin, lo usual.

		  

Viajamos a Colombia el 1ero de marzo. Habíamos leído en noticias sobre el “Coronavirus” pero la verdad, aunque yo trabajo con turistas, nunca tuvimos miedo ni sentimos el tema cercano. En Alemania no había ni alerta en ese momento y cuando llegamos al Dorado solamente nos preguntaron si habíamos estado en China, España o Italia, y como no, no hubo ninguna otra revisión, así que pensamos que el tema no iba a pasar a mayores. (JÁ).

		  

Nos disfrutamos mucho esas dos primeras semanas en Colombia, después de dos años (y un poquito más para mi esposo) nos reencontramos con nuestros amigos y familia, comimos platos que extrañábamos, estuvimos en playa y fuimos de paseo a Mayapo. Ahí fue cuando digamos que la cosa cambió. En Mayapo no es buena la señal de celular así que estuvimos incomunicados 3 días, y oh, el acabose. Tan pronto encendimos el celular empezaron a llegarnos mensajes sobre el Covid19, cuarentena, cierre de fronteras, encierro indefinido, era como si estuviéramos entrando a otra dimensión, fue un sentimiento bien raro, la verdad.

		  

El cierre de El Dorado fue el 23 de marzo y nuestro regreso a Múnich originalmente era el 24. Regresando de Mayapo revisé nuestra reserva y había sido cancelada (y seguían vendiendo el mismo vuelo al triple de precio, es decir que habían cancelado mi tiquete para que volviera a comprar uno nuevo, pero esa es otra historia de terror que me da mal genio y no me extenderé), así que la reprogramé para el 2 de mayo. Dije, bueno, un mes más en Colombia, no pasa nada.

		  

Corte a, 2 de mayo. Vuelo nuevamente cancelado. Próxima reprogramación 1ero de junio con posibilidad de cancelación. Mes y medio de encierro. El desespero. Por temas de trabajo ya necesitábamos viajar y estar de regreso en Múnich. Recordé que la Embajada de Alemania hizo 3 vuelos humanitarios para nacionales al inicio de la cuarentena y se me dio por escribirles porque así no sea alemana, tengo residencia. El propio “varillazo”.

		  

Me pidieron nuestros datos y nos dijeron que desde la Embajada no tenían más vuelos planeados, pero, que nos pondrían en lista de espera por si alguna otra embajada iba a hacer un viaje a Europa. Bueno, eso fue una luz.

		  

Asumí que debía haber gente en la misma situación que yo y encontré un chat con más de 150 personas (entre colombianos y alemanes) que también necesitaban regresar a casa. Ese chat fue mi salvación. Entendiendo que somos colombianos pero que nuestra residencia y nuestra vida está en Alemania, entre todos armamos una campaña en redes sociales para solicitarle al Embajador de Alemania (que siempre ha sido un príncipe y súper colaborador), que intercediera por nosotros y nos ayudara, aunque no fuéramos prioridad. El embajador se “puso la camiseta” y esa misma semana empezamos a recibir correos de posibles viajes humanitarios.

		  

Sinceramente, creo que esta ha sido la semana más estresante de mi año. Me llegó el correo el martes sobre un posible viaje humanitario para el domingo 17 de mayo y que la aerolínea se contactaría con nosotros para los tiquetes, pero mientras tanto, debíamos ir organizando el traslado hacia la capital. Todas las personas que viajábamos desde la costa a Bogotá hicimos un subgrupo en whatsapp, éramos 11. Cuadramos van, y mandamos nuestros datos para que la embajada nos hiciera un salvoconducto para poder transitar libremente por carretera Barranquilla – Bogotá.

		  

Bien. Miércoles, cero noticias de la aerolínea. Jueves, en la mañana nos enteramos que Duque estaba poniendo pereque con el permiso del vuelo humanitario (más estrés), y en la noche le llegó un correo de la aerolínea solamente a 3 personas de los 11 que viajábamos desde la costa. Era un formulario y un link de compra para el tiquete. Me desanimé porque asumí que no había sido seleccionada para este vuelo.

		  

Viernes. 7:30 a.m. Amanecí triste porque no tuve más noticias positivas desde el martes. Como el vuelo iba a ser con la aerolínea con la que tenía comprado mi tiquete de regreso original, me arriesgué y mandé un correo diciendo que yo tenía tiquete con ellos y que estaba únicamente esperando el formulario para que ellos me hicieran la reprogramación. 10:00 a.m., se decide en el grupo de whatsapp que las 3 personas que recibieron el tiquete busquen otro plan para trasladarse a Bogotá. 12:30 p.m., me llega el formulario de la aerolínea, más no el tiquete. Un tanto escéptica, voy en la tarde a despedirme de mi mamá y mi familia (siempre revisando el correo para ver si llegaba el bendito tiquete). 6:30 PM, alguien en el chat dice que la aerolínea le cambió la reserva automáticamente en la aplicación y que en ningún momento le llegó tiquete ni confirmación. Corro a revisar la aplicación, nada. Llamo a la aerolínea, nada. No hay ningún cambio en mi reserva. Bueno, siendo las 7:00 p.m., asumo que ya no voy a viajar y me dispongo a ver TV.

		  

Viernes. 9:30 p.m. Por algún motivo, se me da por revisar la aplicación de la aerolínea. “Su reserva ha sido cambiada”, ay, juepucha. ¿Y ahora cómo me voy a Bogotá? Llamé, llamé, llamé a ver cómo solucionaba, porque una cosa era conseguir carro y la otra, el salvoconducto para que no pusieran problema en carretera. Un conductor me dio luz así que empecé a hacer maleta a las 11:00 p.m. No sé si fue el estrés de todo corriendo, o la frustración de no poder realmente disfrutar estas “vacaciones” como queríamos, o qué, pero empecé a llorar cual María Magdalena mientras organizaba todo.

		  

Sábado. 6:30 a.m. El conductor que me “dio luz” el día anterior no me dio razón de hora ni nada. Preocupada y algo desesperada, vi que el señor que me iba a llevar originalmente con la van a Bogotá estaba online y le escribí. Le dije que éramos solamente mi esposo y yo, y que debíamos salir ese mismo día. Jaime (con quien estoy enormemente agradecida), movió cielo, mar y tierra y nos consiguió una camioneta express con dos conductores para salir de Barranquilla a la 1:00 p.m. Esa mañana fue bien emotiva. Mi papá y varios amigos se acercaron al apartamento para despedirse. A todo el mundo le cayó como “balde de agua fría” la noticia por lo rápido del viaje. A nosotros también, la verdad.


Sandra Villalba en el aeropuerto El Dorado de Bogotá.

		  

1:00 p.m., llegó el carro y nos fuimos. Todos con sus respectivos tapabocas y alejaditos. Después de 17 horas de carretera, un retén de Policía, una calle sin salida y una ruta un poco rara, por fin llegamos a Bogotá el domingo temprano. El aeropuerto lo abrían a las 5:00 p.m. así que decidimos ir a la casa de una amiga a descansar (Chechi, nos salvaste la patria). Estando allá leo en el chat que muchas de las personas que viajaron desde otros lados de Colombia para el vuelo, llegaron directamente al El Dorado. Estaba lloviendo, hacía frío, y ellos literalmente afuera esperando hasta las 5:00 p.m. Familias con niños, adultos mayores. Afuera, con frío.


Los pasajeros de vuelos humanitarios a otros países toman distancia entre sí para ingresar a El Dorado.



Pasajeros durante los controles sanitarios para ingresar a El Dorado.

		  

Descansamos, almorzamos, nos arreglamos y nos fuimos para el aeropuerto a las 4:00 p.m. Ya había una larga fila. Todos separados. Al inicio había como un “punto de desinfección” que consistía en lava manos portátiles que se debían usar antes de entrar al aeropuerto y después, una maquina tomaba la temperatura corporal. Pasado eso, era ir al counter, pasar migración y esperar a la hora del vuelo. Fue todo bastante rápido. Dentro del aeropuerto está todo demarcado así que es fácil saber en dónde sentarse o no. También, en sala, hay personas que están revisando constantemente que se estén cumpliendo las medidas de sanidad, que se usen los tapabocas y las distancias entre pasajeros.

		  

El vuelo salió a las 10:00 p.m. completamente lleno. Por reglamentación de la aerolínea, no hubo pantallas ni servicio de comida (en un viaje de 10 horas). Las azafatas, usando máscaras y un traje especial, nos entregaron una bolsa con mecatos de cena y otra al desayuno. Sentí el vuelo eterno.

		  

Llegamos a Múnich a las 4:00 p.m. (hora local). Por leyes de Bayern, sabíamos que debíamos informar en el trabajo de mi esposo nuestra llegada y permanecer 14 días en cuarentena antes de salir nuevamente a la calle. Imaginaba que nos harían algún examen al entrar al país, pero realmente solamente nos pidieron la residencia en migración (nos dice un amigo alemán que es porque Alemania no considera a Colombia como foco peligroso). Recogimos las maletas y pa’ la casa en tren. En ese trayecto vimos muchas personas en la calle, guardando distancia, pero sin tapabocas. Aquí es únicamente obligatorio usarlo en el servicio público.

		  

Después de 11 días en cuarentena en Múnich puedo decir que acá el tema se está manejando completamente distinto. Aquí no hay encierros. Aquí se puede estar en la calle, pero con responsabilidad. Los adultos mayores pueden salir y estar con sus familias. Se está viviendo un verano atípico, es cierto, por el uso de tapabocas y por ciertas restricciones, pero se está viviendo una vida normal. Se está “conviviendo” con el virus, no temiéndole. Claramente Alemania y Colombia son dos países completamente diferentes y las medidas para manejar el Covid19 serán así, diferentes.

		  
		  




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COMENTARIOS DE NUESTROS SEGUIDORES


















Erika
Que película Sandra, una montaña rusa de emociones, pero gracias a Dios todo salió bien, me alegra que por lo menos pudimos disfrutar de tu compañía, así fuera por un ratito. Un abrazo.
Sandra Villalba
Publicaciones:2
Fuente:SentirPositivo
http://www.sentirpositivo.com
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