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Voces

814 visitas Abril 09 de 2018 07:09



¿Te puedo tocar el cabello?


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© Edna Margarita Manotas


¿En qué momento me volví exótica en una tierra donde gran parte de la población tiene el cabello rizado? Supongo que pasó cuando decidí no alisarlo más, cuando vencí el miedo a no encajar.






Aún no conozco a una mujer de cabello liso a quien le hayan hecho esta oferta. Parece reservada para quienes poseemos el lujo de tener un afro. Una maraña de copitos de algodón que se enredan en los dedos, que rebotan entre si, y que engañan a la vista: siempre son más largos de lo que parecen.

		  

A veces no sé cómo reaccionar cuando me piden tocarlo. Me pregunto cómo reaccionaría una mujer de cabello liso ante la propuesta. ¿Dice que si? ¿Deja que los dedos se resbalen hasta el final?, ¿Qué diría? Parece que tocar el afro es una novedad. He descubierto que el afro tiene efectos relajantes, desestresa y se convierte en foco de miradas cautelosas.

		  

Debo decir, que no me disgusta la oferta, me causa curiosidad: ¿en qué momento me volví exótica en una tierra donde gran parte de la población tiene el cabello rizado? Supongo que pasó cuando decidí no alisarlo más, cuando vencí el miedo a no encajar.

		  

Me tomó tiempo tomar la decisión. Hay que tener muchos ovarios para enfrentarse a las miradas incómodas cuando vas a un centro comercial o a una fiesta elegante con el afro súper alborotado y el tema de conversación sea ese. Hay que abrir el corazón cuando te preguntan que si es una peluca y levantar la mirada cuando dudan que si eres profesora universitaria. Toca ser muy fuerte cuando escuchas: “menos mal que mi hija no salió con el pelo cucó, Dios nos libre” y cuando te dicen: "niña, yo te pago la plancha o la keratina" y "seguro si te alisas te casas".

		  

Soy una experta para torear todo esto, o al menos eso creo. Cuando me quedan viendo, levanto el mentón como desafiando cualquier crítica y si finalmente la escucho, la dejo pasar. Esto se trabaja con los años, con el espíritu, con el alma, nadie te da un manual para enfrentarte a este tipo de situaciones. Toca con ensayo y error. A veces sale bien, otras no tanto.

		  

Es divertido, uno conoce bien a la sociedad que le rodea, se vuelve un observador de lo que sucede y empieza a generar ciertos cambios. Con el colectivo “Yo amo mis rizos” continuamos con la idea de empoderar a más niñas a que sientan valiosas como son y valoren su cuerpo y sus expresiones. También pasa que mujeres de cabello liso te miran y dicen: "Me encanta tu cabello, es hermoso, toda la vida lo que he querido así", siempre contesto: "Tu cabello también es hermoso". Algunas mujeres, mantienen esa costumbre de no aceptare nunca, de vivir anhelando cuerpos ajenos. Lo veo siempre en el baño de mujeres, pocas se miran con orgullo, todas se critican súper duro " mira la celulitis", "si tuviera los ojos más pequeños", " si tuviera menos busto"...

		  

Falta mucho camino por andar, las transformaciones se movilizan lentamente y se trata mucho de autoestima, de determinaciones internas, de caminar por donde otros no lo han hecho. Eso me pasa con el tema del vegetarianismo: ¿por qué eres vegetariana? ¿usted cree en Dios? ¿no quieres un chorizito? "Seguro te falta vitamina B" " Niña, come el sanduche que le sacamos el jamón".

		  

Entonces, comprendes que pasará un tiempo largo, antes de que ese tipo de temas siga siendo el centro de una conversación. Mientras tanto, haré un listado de quienes dicen que quieren tocarme el cabello, evaluaré las peticiones, analizaré de dónde provienen y luego veremos si se deja tocar, si permite sintonizarse con la curiosidad de los prejuicios. Generalmente la oferta llega con la mano alzada, la gente prepara los dedos como si fuera a agarrar una pelotica, parece como una garra que viene hacía ti en cámara lenta, luego escuchas: "Qué bien se siente, pensé que era más áspero".

		  
		  




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Margaritas para Margarita
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Fuente:SentirPositivo
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